sábado, 8 de junio de 2013

OLAS: Cuba desata la guerra revolucionaria en toda América Latina

Fidel Castro clausurando Conferencia de la OLAS



Jorge Fernández Zicavo

En varios de nuestros artículos ya hemos aludido a un documento de extraordinaria importancia para el estudio de la Guerra Revolucionaria Argentina y la de otros países latinoamericanos durante la década setenta del siglo XX: la Declaración y Proclama llamando a desencadenar en toda América Latina "la lucha revolucionaria armada orientada por los principios del marxismo-leninismo", emitida por la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) celebrada en el teatro "Chaplin" de La Habana entre el 31 de julio y el 10 de agosto de 1967.

Lo que confiere a este documento una relevancia histórica excepcional, es que la Conferencia, a la que asistieron 163 delegados de grupos subversivos latinoamericanos, igual número de militantes como "observadores" (total= 326) y 300 periodistas de distintos países, demostró de manera irrefutable la responsabilidad del Estado cubano en lo que resultó ser una Declaración de Guerra a todas las naciones y gobiernos del subcontinente; no sólo por haberse celebrado en La Habana, y haber sido inaugurada por el Presidente de la República Osvaldo Dorticos y clausurada por el Primer Ministro, Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y Primer Secretario del Partido Comunista, Fidel Castro, sino porque tuvieron la desfachatez de asumirla en un documento público.

La consecuencia práctica de este "concilio" revolucionario inspirado en la Tercera Internacional fundada por Lenin, fue que en las reuniones secretas o paralelas a la Conferencia se acordó fundar un Ejército de Liberación Nacional, de ámbito continental y dividido en Sectores, que debería ser comandado por el "Che" Guevara, quien entonces estaba operando en Bolivia al frente de 21 cubanos de élite (militares, miembros del Comité Central del Partido Comunista y hasta 2 ex vice-ministros), más 26 comunistas bolivianos. Como es sabido, dos meses después de finalizar la Conferencia fue capturado y ejecutado.
A la numerosa y fragmentada delegación argentina (180) se le asignaron los Sectores 1, 2 y 8. Asimismo, se acordó crear una Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR), proyecto que no se concretaría hasta 1974 gracias al acuerdo alcanzado entre el ERP argentino, Tupamaros de Uruguay, el MIR chileno y el ELN boliviano. Finalmente, el gobierno cubano ofreció entrenar a los futuros guerrilleros en el famoso Campamento Punto Cero, y asesorar a los Sectores en temas de Seguridad e Inteligencia a cargo de agentes de la STASI alemana que diseñaron los servicios de Inteligencia del régimen castrista. Este plan de operaciones, subordinado a la estrategia expansiva de la Unión Soviética en el Tercer Mundo durante la década del sesenta (Argelia, Libia, Etiopía, Somalia, Zaire-Congo, Angola, Namibia y Mozambique), fue bautizado "Operación Fantasma". Como fuerza mercenaria de la URSS, entre 1975 y 1988 Cuba enviaría a las guerras de Angola y Namibia un Ejército expedicionario de 337.000 hombres.

En realidad, la exportación armada de la Revolución Cubana en América Latina había comenzado mucho antes de esta declaración de guerra. Desde 1960 Castro financiaba y armaba a guerrillas comunistas de Colombia y Venezuela, lo que motivó que Cuba fuera expulsada de la OEA el 31 de enero de 1962; castigo que el dictador respondió proclamando en un acto multitudinario el carácter socialista del nuevo Estado cubano (Segunda Declaración de La Habana) y autorizando la instalación en su país de un Regimiento de misiles nucleares soviéticos. De todas maneras, los militares cubanos siguieron combatiendo en Venezuela junto con guerrilleros de las FALN lideradas por Douglas Bravo; y en 1963 Cuba abrió un foco guerrillero en Salta, Argentina (Ejército Guerrillero del Pueblo) al mando del argentino radicado en La Habana, Jorge Ricardo Masetti, y del teniente del Ejército cubano Horacio Peña Torre ("Hermes") que en 1964 moriría durante un enfrentamiento con la Gendarmería Nacional. Paradójicamente, en la citada reunión de la OEA, Argentina se había abstenido de votar la expulsión de Cuba invocando el "principio de no intervención"; y las restantes naciones que también se abstuvieron (México, Brasil, Chile, Bolivia, Uruguay y Ecuador), tampoco se libraron de que en sus países operaran terroristas urbanos y guerrilleros rurales entrenados en Cuba.

Esta cruzada subversiva era la consecuencia lógica de un régimen que se consideraba a sí mismo "faro de la revolución latinoamericana" y vertebraba una doctrina de política exterior "antiimperialista" que nunca se interrumpió: como ya apuntamos, cuando el 31 de julio de 1967 se inauguró la Conferencia de la OLAS, el "Che" Guevara llevaba un año operando en Bolivia con sus cubanos; y ochenta días antes, el 8 de mayo, se había producido en Machurucuto, Estado de Miranda, Venezuela, otro desembarco de armamento y militares "guerrilleros" cubanos.

Para finalizar la crónica de estas agresiones político-militares de la Cuba castrista y sus consecuencias, recordemos que en 1969, dos años después de la Conferencia de la OLAS, los argentinos que participaron en ella (Santucho, Gorriarán Merlo, Menna, Quieto, Osatinsky, Abal Medina, Arrostito, los hermanos Lewinger, etc.) comenzarían su guerra revolucionaria, y en 1970 fundarían las dos mayores organizaciones terroristas de la historia latinoamericana: Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo.
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Dado que se trata de un documento muy extenso, reproduciremos sólo los párrafos finales de la Declaración y pasaremos a lo esencial del documento: la Proclama que llama a iniciar -de inmediato- la Guerra Revolucionaria.

Previamente, para ubicar a la Conferencia en su contexto, resumiremos sus antecedentes y algunos párrafos del discurso inaugural leído por el presidente Dorticos. Omitiremos totalmente el discurso del verborrágico e histriónico Fidel Castro (2 horas). Los lectores interesados en leer o imprimir la versión completa de ambos discursos y de la Declaración, pueden bajarlos de la página web "Ruinas Digitales", fundada por estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Buenos Aires.
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Antecedentes de aquella política exterior subversiva del Estado cubano enunciada públicamente por primera vez:

El 3 de enero de 1966 se inauguró en La Habana bajo la presidencia del marxista y futuro Presidente de Chile, Salvador Allende, la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina. Participaron 512 delegados y unos 150 invitados de 82 países, y se celebró en el hotel "Habana Libre" con la presencia de Fidel y Raúl Castro. Finalizada el 15 de enero, la Conferencia fundó la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL). Asimismo, quedó constituido el Comité Tricontinental de Solidaridad con la Lucha del Pueblo Vietnamita.
Al día siguiente, 27 delegaciones que participaron en la Primera Conferencia fundaron la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) y acordaron celebrar su primer evento en La Habana en 1967, para lo cual se conformó un comité preparatorio integrado por organizaciones revolucionarias de Brasil, Colombia, Guyana, Guatemala, México, Perú, Uruguay, Venezuela, y autoridades del Partido Comunista y del Gobierno Revolucionario cubano.

Como ya mencionamos, la Primera Conferencia de la OLAS transcurrió entre el 31 de julio y el 10 de agosto de 1967 y fue publicada en un opúsculo que reprodujo sus documentos, resoluciones y discursos.
La presidencia de la Conferencia estuvo integrada por:

Presidente de Honor: Ernesto "Che" Guevara.

Presidente: Haydee Santamaría, Comité Central del PC de Cuba.
Vice-Presidente: Rodney Arismendi, Secretario General PC de Uruguay.
Vice-Presidente: Francisco Prada, Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Venezuela.
Vice-Presidente: Néstor Valle, guerrillero comunista de Guatemala.
Vice-Presidente: Gerardo Sánchez, comunista de la República Dominicana.
Delegado de Honor: Stokeley Carmichael, líder del grupo terrorista norteamericano Black Power.
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Extracto del discurso pronunciado por el Presidente de la República, Osvaldo Dorticós. (Las "negritas" son nuestras)

"Cuando en enero de 1966, bajo los auspicios de la Conferencia Tricontinental se acordó constituir la Organización Latinoamericana de Solidaridad, en un momento de enardecimiento de los entusiasmos revolucionarios de los delegados latinoamericanos a aquella, no se trataba de promover los primeros esfuerzos revolucionarios, ni el inicio de la gesta; ya que esta lucha había comenzado; páginas heroicas inolvidables habían sido escritas; las vanguardias de los movimientos revolucionarios en varios países habían empuñado el fusil redentor....

La lucha tampoco se limitaba a la acción terrorista revolucionaria...

Los cubanos nos sentimos orgullosos de que fuera en nuestra tierra donde surgiera la idea de la constitución de esta organización y se suscribiera en ella el acta constitutiva de la misma.

En nombre del pueblo y del Gobierno Revolucionario que hoy reciben el alto honor de la presencia y de la congregación de ustedes, expreso el saludo fraterno y revolucionario más caluroso a todos los delegados a esta Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de América Latina.

Cuba no pretende ejercer en el seno del movimiento revolucionario de América Latina un papel hegemónico y de dirigente. Cuba no pretende exportar o imponer soluciones estratégicas o tácticas a otros pueblos de este continente, a otros partidos y vanguardias revolucionarios. Cuba, con su conducta, no hace otra cosa que aceptar como un hecho inevitable la alternativa revolucionaria a que nos referíamos hace un momento; constatar que el camino de la lucha armada, hoy posible en la mayoría de los países de este continente, parece ser el único camino que a los pueblos depara la violencia imperialista.

Con la firme convicción de que esta Conferencia habrá de agotar a plenitud su cometido, en nombre del pueblo y del Gobierno Revolucionario de Cuba, formulo votos por los éxitos de la misma, por la claridad ideológica que la presida, por la sinceridad y la audacia revolucionarias que inspiren la conducta y los planteamientos de todos los delegados, por la alta unidad que se alcance con respecto a la independencia de cada Partido, organización o movimiento representado. Sépase, en fin, de nuestra esperanza de que esta Conferencia alcance el más alto rango en la historia de este continente".
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DECLARACIÓN

Párrafos finales:

La Conferencia, luego de analizar con profundidad y dedicación las condiciones existentes en el continente y haber esclarecido en el terreno ideológico esenciales problemas del movimiento revolucionario, concluye que:

En América Latina existe una situación convulsiva, caracterizada por la existencia de una débil burguesía, que fundida de manera indisoluble con los terratenientes constituye la oligarquía dominante en nuestros países. Un mayor sometimiento y una dependencia casi absoluta de estas oligarquías al imperialismo determinan la intensa polarización de fuerzas en el continente; por un lado, la alianza oligarca imperialista y por otro, los pueblos, con enorme potencial revolucionario que sólo espera ser canalizado por una dirección consecuente, por una vanguardia revolucionaria, para desarrollar o emprender la lucha.

Esta situación determina y exige que se desate y desarrolle la violencia revolucionaria, en respuesta a la violencia reaccionaria. La violencia revolucionaria, como expresión más alta de la lucha del pueblo no es sólo la vía, sino también la posibilidad más concreta y manifiesta para derrotar al imperialismo.

El objetivo esencial de la revolución para alcanzar el poder, ha de ser la destrucción de la máquina burocrático militar de las oligarquías títeres.

La experiencia de la revolución cubana unida a la experiencia acumulada por el movimiento revolucionario de los últimos años en el mundo, y la presencia en Bolivia, Venezuela, Colombia y Guatemala de un creciente movimiento revolucionario, demuestran que la guerrilla es el fundamental exponente del método y la forma más adecuada para librar la guerra revolucionaria como genuina expresión de la lucha armada.

En esta particular situación la unidad de los pueblos la identidad de objetivos, la unificación de criterios, y la disposición conjunta de librar la lucha son los elementos caracterizadores de la estrategia común que ha de oponerse a la que con carácter continental desarrolla el imperialismo.
Esta estrategia requiere una nítida y clara expresión de solidaridad cuyo carácter es la propia lucha, cuya extensión, es el continente, y su forma, la guerrilla y los ejércitos de liberación.

Nosotros, representantes de los pueblos de nuestra América, conscientes de las condiciones que existen en el continente, sabedores de la existencia de una estrategia común contrarrevolucionaria que dirige el imperialismo yanqui,

PROCLAMAMOS

1. Que constituye un derecho y un deber de los pueblos de América Latina hacer la revolución.

2. Que la revolución en América Latina tiene sus más profundas raíces históricas en el movimiento de liberación contra el colonialismo europeo del siglo XIX y contra el imperialismo en este siglo. La epopeya de los pueblos de América y las grandes batallas de clase contra el imperialismo que han librado nuestros pueblos en las décadas anteriores constituyen la fuente de inspiración histórica del movimiento revolucionario latinoamericano.

3. Que el contenido esencial de la revolución en América Latina está dado por su enfrentamiento al imperialismo y a las oligarquías de burgueses y terratenientes. Consiguientemente, el carácter de la revolución es de la lucha por la independencia nacional, emancipación de las oligarquías y el camino socialista para su pleno desarrollo económico y social.

4. Que los principios del marxismo-leninismo orientan al movimiento revolucionario de América Latina.

5. Que la lucha revolucionaria armada constituye la línea fundamental de la Revolución en América Latina.

6. Que todas las demás formas de lucha deben servir y no retrasar el desarrollo de la linea fundamental que es la lucha armada.

7. Que para la mayoría de los países del continente el problema de organizar, iniciar, desarrollar y culminar la lucha armada constituye hoy la tarea inmediata y fundamental del movimiento revolucionario.

8. Que aquellos países en que esta tarea no está planteada de modo inmediato de todas formas han de considerarla como una perspectiva inevitable en el desarrollo de la lucha revolucionaria en su país.

9. Que a los pueblos de cada país y a sus vanguardias revolucionarias corresponderá la responsabilidad histórica de echar hacia adelante la revolución en cada uno de ellos.

10. Que la guerrilla como embrión de los ejércitos de liberación, constituye el método más eficaz para iniciar y desarrollar la lucha revolucionaria en la gran mayoría de nuestros países.

11. Que la dirección de la revolución exige como un principio organizativo la existencia del mando unificado político y militar como garantía para su éxito.

12. Que la solidaridad más efectiva que pueden prestarse los movimientos revolucionarios, entre sí, la constituye el desarrollo y culminación de la propia lucha en el seno de cada país.

13. Que la solidaridad con Cuba y la colaboración y cooperación con el movimiento revolucionario en armas constituyen un deber insoslayable de tipo internacional de todas las organizaciones antiimperialistas del continente.

14. Que la Revolución Cubana como símbolo del triunfo del movimiento revolucionario armado y los países donde se llevan a cabo las acciones revolucionarias armadas, constituyen la vanguardia del movimiento antiimperialista latinoamericano.

15. Que los pueblos directamente colonizados por las metrópolis europeas en su camino para la liberación tienen como objetivo inmediato y fundamental, el luchar por la independencia y mantenerse vinculados a la lucha general del continente como única forma de evitar ser absorbidos por el neocolonialismo norteamericano.

16. Que la Segunda Declaración de La Habana, recogiendo la hermosa y gloriosa tradición revolucionaria de los últimos 150 años de la historia de América, constituye un documento programático de la Revolución Latinoamericana que los pueblos de este continente durante los últimos cinco años han confirmado, profundizado, enriquecido y radicalizado.

17. Que los pueblos de América Latina no tienen antagonismos con ningún otro pueblo del mundo y le extienden su mano fraternal al propio pueblo de los Estados Unidos, al que exhorta a luchar contra la política represiva de los monopolios imperialistas.

18. Que la lucha en América Latina estrecha sus vínculos de solidaridad con los pueblos de Asia y África y de los países socialistas y progresistas, los trabajadores de los países capitalistas y, en especial, con la población negra de los Estados Unidos que sufre a la vez la explotación de clase, la miseria, desempleo, la discriminación racial y la negación de los más elementales derechos humanos y constituye una importante fuerza a considerar en el contexto de la lucha revolucionaria.

19. Que la lucha heroica del pueblo de Viet Nam presta a todos los pueblos revolucionarios que combaten al imperialismo, una inestimable ayuda y constituye un ejemplo inspirador a los pueblos de América Latina.

Nosotros, revolucionarios de nuestra América, la América al sur del Río Grande, sucesores de los hombres que nos dieron la primera independencia, armados de una voluntad inquebrantable de luchar y de una orientación revolucionaria y científica y sin más que perder que las cadenas que nos oprimen,afirmamos que nuestra lucha constituye un aporte decisivo a la lucha histórica de la humanidad por librarse de la esclavitud y de la explotación.

¡América o Muerte!

La Habana, agosto 1967
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Fuente original en edición papel, digitalizada por "Ruinas Digitales":
Cristianismo y Revolución Nº 5
Revista del grupo cristiano-marxista de igual nombre. Algunos de sus miembros (Fernando Abal Medina, Graciela Daleo, etc.) participarían más tarde en la fundación de la organización terrorista MONTONEROS. También colaboraba el periodista uruguayo Eduardo Galeano, militante de la organización terrorista TUPAMAROS.




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